
Foto: Save The Children
Rohan Kent trabaja en la Dirección de Conceptos y Capacidades del Centro Civil Militar Australiano, un organismo gubernamental que promueve los esfuerzos conjuntos entre las fuerzas civiles, policiales y militares. Antes de unirse al centro, pasó 15 años trabajando en el sector de la ayuda internacional en África, Asia, el Medio Oriente y el Pacífico. Se desempeñó en el Comité Ejecutivo de Esfera como representante de Save The Children en 2018-2019.
En esta entrevista, Rohan explica cómo es posible, forjando relaciones sólidas entre los sectores humanitario y de seguridad en una operación de respuesta, mejorar la calidad de la asistencia que se presta a las comunidades afectadas, y por qué las fuerzas armadas pueden beneficiarse enormemente de la comprensión y aplicación de las normas humanitarias en situaciones de emergencia.
Llevas más de una década trabajando como profesional de gestión de desastres. ¿Recuerdas la primera vez que te cruzaste con las normas Esfera en tu carrera?
Estaba en las Islas Salomón, actuando en la respuesta al daño causado por el terremoto y el tsunami de 2007. Era mi primera misión y estaba tratando de hacer lo mejor posible, pero tenía una experiencia limitada y no contaba con capacitación formal. Recuerdo una conversación telefónica que tuve con una colega de Londres que me estaba ayudando con asesoramiento técnico, quien me preguntó cómo mediría la aplicación de las normas humanitarias. Le dije que no tenía idea qué hablaba. Ella se sorprendió mucho. “Mira, al menos debes intentar alcanzar estas normas”, me regañó, “son normas establecidas por trabajadores humanitarios de todo el mundo y son como nuestra Biblia”. Así conocí Esfera. Desde entonces, siempre llevo conmigo una copia del Manual durante las misiones.
Te cuento una historia divertida: el año pasado en Mozambique, finalmente terminé encontrándome con esa colega en persona. Era coordinadora humanitaria de las Naciones Unidas. “Probablemente no recuerdes cómo nos conocimos”, le dije, “¡pero ahora represento a Save the Children en la Junta Directiva de Esfera!” Fue genial poder decirle en persona cuánta influencia positiva había tenido en mi carrera.
El Manual Esfera aborda la coordinación civil-militar en varios capítulos. En tu experiencia como profesional humanitario, ¿por qué es tan importante este tema?
En primer lugar, no olvidemos que las fuerzas policiales también juegan un papel clave en el mantenimiento de la seguridad. Su intervención no es apropiada en todas las situaciones de crisis, pero puede ser una poderosa herramienta de protección. Es por eso que generalmente nos referimos a este asunto como “CIV-MIL-POL”.
En la base de la coordinación CIV-MIL-POL está el establecimiento de relaciones. Comprende el intercambio de información, la división de tareas y la planificación. Este tipo de coordinación es sumamente importante porque permite promover principios humanitarios entre todos los actores que participan (especialmente los de neutralidad e imparcialidad). Necesitamos asegurarnos de que se preste asistencia hasta que ya no sea necesaria o apropiada, y que no cree dependencia de la asistencia militar.
El hecho de que el Manual aborda la coordinación civil-militar es excelente porque nos recuerda a todos acerca de la coordinación y su importancia.
La regla de oro es encontrar siempre el equilibrio correcto entre una respuesta pragmática y una de principios, de modo que la coordinación con los militares no comprometa los imperativos humanitarios
¿Cuáles son los recursos, habilidades o experiencias particulares que una fuerza militar puede aportar a una operación de respuesta?
En primer lugar, es fundamental que todos los actores en la respuesta a la crisis, y no solo la sociedad civil y los militares, colaboren entre sí. La coordinación contribuye a promover el diálogo, reducir al mínimo la incoherencia y la duplicación de esfuerzos y promover la previsibilidad y la rendición de cuentas.
Los militares pueden aportar muchos recursos, habilidades y experiencias a una operación de respuesta. El primero es la protección: una de las principales actividades del personal militar en zonas de desastre es mejorar la seguridad para que los organismos humanitarios puedan actuar de manera segura. Por ejemplo, al organizar la distribución de alimentos en Mozambique el año pasado, siempre coordinábamos con la policía local para asegurarnos de que estuvieran al tanto de las reuniones grandes. La presencia policial también ayuda a controlar situaciones que pueden resultar peligrosas. En segundo lugar, las fuerzas armadas suelen tener una gran experiencia en la gestión del transporte y la logística y en la movilización rápida del personal, por ejemplo, para comenzar a reconstruir infraestructuras importantes o establecer campamentos de refugiados.
La regla de oro es encontrar siempre el equilibrio correcto entre una respuesta pragmática y una de principios, de modo que la coordinación con los militares no comprometa los imperativos humanitarios.
¿Cuáles son, en tu opinión, los principales desafíos que enfrentan los organismos humanitarios y las fuerzas armadas cuando comparten información, coordinan o colaboran en respuesta a una crisis?
La información es un activo importante en cualquier respuesta, por lo que un desafío importante para la colaboración es la confidencialidad. Existe información que un gobierno no divulga, por ejemplo, qué tipo de suministros reciben, qué lugares visitan los funcionarios, etc. Al mismo tiempo, las organizaciones de ayuda tienen sus propias reglas internas sobre el intercambio de información, basadas en mantener un acceso imparcial y neutral. Ambos factores a menudo hacen que el diálogo sea problemático.
Otro problema es la falta de un “idioma” compartido. Los trabajadores humanitarios pueden tener dificultades para comunicarse con los militares debido a las barreras culturales y las diferencias en las formas de trabajo. Ambas partes deben superar los estereotipos y los prejuicios para establecer objetivos comunes. En algunas operaciones de respuesta en que múltiples tipos de actores humanitarios trabajan juntos, la coordinación puede ser un desafío si un equipo de respuesta percibe al otro con sospecha; por ejemplo, cuando un gobierno donante teme que apoyar a un organismo humanitario en realidad pueda terminar financiando combatientes rebeldes.
Algunos de estos desafíos pueden superarse promoviendo el diálogo. Las partes deben escucharse unas a otras y determinar las cuestiones en las que “acuerdan estar de acuerdo”, pero también en las que “acuerdan estar en desacuerdo”. Evitar un enfoque de confrontación es fundamental para llegar a un entendimiento.
Hacer referencia a una guía detallada como el Manual Esfera al hablar con militares y policías, que están acostumbrados a la estructura y la doctrina, ayuda a presentar al sector humanitario como coordinado y profesional
En tu experiencia, ¿los actores militares están familiarizados con las normas humanitarias? ¿Cuál es su utilidad y pertinencia para ellos?
Los agentes militares nunca cumplirán el papel de trabajadores humanitarios de primera línea, ni tienen la intención de hacerlo. Su mandato es diferente y por lo general está limitado por un período de intervención preciso. Por esta razón, no todo el personal militar está familiarizado con las normas humanitarias. Dicho esto, ¡también hay muchos actores humanitarios que no están necesariamente familiarizados con ellas!
Sin embargo, en mi experiencia, he descubierto que las fuerzas armadas están realmente dispuestas a aprender sobre las directrices humanitarias, como Esfera o la Norma Humanitaria Esencial, cuando las conocen. También me di cuenta de que hacer referencia a una guía detallada como el Manual Esfera al hablar con militares y policías, que están acostumbrados a la estructura y la doctrina, ayuda a presentar al sector humanitario como coordinado y profesional. En términos generales, las normas ayudan a la comprensión y cooperación mutuas.
¿Recuerdas alguna ocasión en que la aplicación de las normas Esfera marcó una verdadera diferencia al facilitar la colaboración con las fuerzas militares o policiales?
Recuerdo una visita a un campamento militar en Indonesia a fines de los años 2000. Los militares habían construido el campamento en preparación para un desastre natural inminente, a fin de albergar a las personas desplazadas. A primera vista, parecía estar muy bien establecido. Sin embargo, al recorrerlo, comenzaban a observarse deficiencias. Las fuentes de agua del campamento estaban ubicadas en un extremo del campamento, a bastante distancia de la mayoría de los lugares de acogida. Las letrinas para hombres, mujeres, niños y niñas estaban ubicadas todas juntas e incluso más lejos de los refugios, en lo que parecía una zona de barrancos. Hubiera sido peligroso ir al baño en medio de la noche, en especial para mujeres o niños pequeños.
Nos sentamos con los comandantes militares para tratar estos temas, con las normas en la mesa. Notamos que al dividir las fuentes de agua no solo sería más corta la distancia a pie desde los alojamientos hasta las bombas, sino que también se reduciría el tiempo de espera de la gente. También sugerimos colocar las letrinas compartidas más cerca de los refugios y en una proporción de un inodoro por cada 20 personas, según lo recomendado por uno de los indicadores del Manual Esfera.
Lo que creo que fue clave en esta situación es que no acusamos a los militares de no hacer un buen trabajo, ni los obligamos a hacer las cosas de cierta manera. La referencia al Manual Esfera nos dio un sustento sólido y nos permitió evaluar los pros y los contras en conjunto. Fue una experiencia positiva basada en el diálogo.
En la actualidad hay más oportunidades para aprovechar la experiencia de las fuerzas militares, el sector privado, las redes de la diáspora y otros actores del círculo humanitario más amplio
Esfera está desarrollando actualmente su estrategia para los próximos cinco años. ¿Crees que la comunidad Esfera debería trabajar de forma más estrecha con los actores de la respuesta “no tradicionales”, más allá de las organizaciones no gubernamentales y las autoridades nacionales de gestión de desastres?
Esfera ha hecho un trabajo fantástico en las últimas décadas y creo que seguirá siendo uno de los pilares de la acción humanitaria. En cuanto a la nueva estrategia, creo que hay dos ámbitos a través de las cuales Esfera podría involucrar aún más a actores de respuesta “no tradicionales”. Uno consiste en ampliar la comunidad mundial de objetivos y prácticas de Esfera para fomentar el control y la preparación en el plano local. El otro es influenciar a los responsables políticos, en especial los gobiernos, para que incluyan las normas en las políticas humanitarias nacionales y mundiales.
Las crisis humanitarias hoy en día trascienden cada vez más las fronteras: la pandemia por COVID-19 es solo un ejemplo de esto. Creo que en la actualidad también hay más oportunidades para aprovechar la experiencia de las fuerzas militares, el sector privado, las redes de la diáspora y otros actores del círculo humanitario más amplio. Es necesario que se dejen de lado el poder, la exclusividad y el sentido de apropiación, y que los equipos de respuesta de todas las partes se acepten unas a otras en la mesa de coordinación.